El gobierno del presidente Calderón (aunque les duela a los seguidores de López obrador, es nuestro Presidente de la República). Hoy en día se enfrenta a momentos más críticos de nuestra historia moderna.
Un crimen organizado con rienda suelta, que asesina sin contención alguna, una reforma petrolera que hace más compleja la vida en el Congreso de la Unión entre cada bancada partidista, una visión partidista de izquierda, que en lugar de sumar; siempre quiere restar, que hace polarizado un cambio, y que cada movimiento, promete una sacudida en cada oportunidad que tiene de hacerse notar.
Una economía sostenida por alfileres, de la cual estamos dependiendo y ni para donde hacernos.
Ante esta realidad, el gobierno federal está respondiendo con poca o mediana resonancia; ya que las falsedades repetidas más de mil veces, se convierten en verdad, aunque esta tarde mucho en llegar... sólo queda creer y esperar.
Y como sociedad ¿qué?... estamos sitiados por fuerzas oscuras, que asesinan a inocentes, que decapitan para mantener a flote las rutas de los negocios, fuerzas de criminales que cada día, cada semana que pasa, se apoderan de ciudades, de municipios, de pequeños, medianos y grandes empresarios. Ha regresado el pago de “cuotas” para mantener la seguridad en el negocio, y con ello, el pequeño comerciante pueda seguir manteniéndose en pie y darle el pan nuestro a su familia.
En el terreno de la política, los conocedores de la izquierda conservadora ya comienzan estimulación temprana a la próxima caída del presidente, y comienzan a visualizar su agenda temprana, por encima de los que podemos aportar más allá, de los conformamos el bien colectivo, y no de sus invenciones retrogradas y fuera de lugar.
La división se nota en dos partes dentro del PRD con fuerza de izquierda, estas son las buenas y las malas nuevas.
Las buenas se vinculan a la importancia de que el PRD juegue un papel activo en la legislación y definición del rumbo que debe tomar el país. Que no dejen al PRI y al PAN las definiciones en solitario, esa de suyo es una buena nueva. La mala es que cada día el sector lopezobradorista tiene menos que perder y se vuelve, por ende, menos calculador y cuidadoso.
La esperanza que abre la sociedad movilizada. La posibilidad y legitimidad que arrojan acciones acompañadas de izquierdas y derechas, de ciudadanía libre sumada a una multitudinaria marcha que exige gobierno, que exige libertad en democracia, que reclama seguridad y el derecho de ejercer su vida con tranquilidad. Una sociedad que pide poder salir de los búnkeres y trincheras que ha construido para protegerse.
Una sociedad que clama su derecho a la felicidad, a salir del temor y que pueda dejar a un lado el secuestro y la impunidad, la corrupción y la violencia; para dar un cambio a sus vidas, ya queremos una sociedad que apoyará decisiones que- con respeto a la ley- se atreva a hacer un gobierno, un gobierno para todos, y no unos cuantos.
23 septiembre 2008
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